Corazón en las calles, cabeza en las instituciones... y las banderas siempre alzadas

El Mobile World Congress de Barcelona daba oficiosamente el pistoletazo de salida a la propaganda concertada para el “Día de la mujer” -entendemos que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid-, y ponía de manifiesto la buena voluntad de los hombres de esta segunda mitad del siglo XXI, dejando caer que están dispuestos a permitir que  la mitad de los cargos de dirección estén ocupados por mujeres.

 

El evento abrió la veda y telediarios, revistas y periódicos se han afanado en rellenar sus ediciones con cientos de denuncias contra una sociedad en la que las mujeres no ocupan determinados puestos, que ellos consideran que han de ocupar, como canon imprescindible para que nuestra valía, la de las mujeres, se reconozca. Obedientes y condescendientes, ahora toca escalar puestos, para recoger la consideración de la sociedad.

Las mujeres de Defensa Social vamos un paso más allá de modas, ideologías o propaganda puntual.

Nosotras no creemos que haya que pasar por contentar al nuevo sistema de la paridad para que podamos, por fin, ser reconocidas. Nosotras creemos que todas las mujeres somos igual de respetables, de magníficas, de maravillosas, decidamos ocupar un puesto de relevancia, entregarnos a un arte o bailar tango; criar a nuestros hijos y cuidar de los nuestros, siempre confidentes, cultivando la excelencia de una vida plena, no necesariamente competitiva… ¿o sí? Pero lejos de dictados masculinos.

Creemos que las listas de candidatos políticos, los puestos de dirección, las carreras científicas, han de estar cubiertas, simple y llanamente, por vocación.

¿Saben que somos mayoría en las facultades de Medicina? ¿Qué sacamos las mejores notas, con diferencia, en la Uni?

Las mujeres necesitamos que se legisle, se denuncie y que exista un delito tipificado, cuando un hombre cobra más que una mujer, en una misma responsabilidad.

Y a esto lo llamamos justicia social.

Necesitamos que se proteja la maternidad, y que mientras los hombres no le den el pecho a los bebes, -hasta ahí no llega el antropocentrismo existente- se vayan a trabajar tranquilos que ya nos ocupamos nosotras y hay una boca más que alimentar.

¿O es qué piensan, que la mayoría de los hogares españoles se puede permitir pasar meses sin trabajar en un chalete de seiscientos mil, para quedar bien con la audiencia? Que es muy bonito, pero no es real. Y la justicia social vive de la realidad.

Queremos que, el empresario que no nos contrate porque vamos a quedarnos embarazadas, se quede sin pensión el día de mañana… por una cuestión de justicia divina.

Necesitamos la misma integridad que cualquier otra persona. Y queremos leyes que defiendan la libertad, el respeto profundo por la dignidad de la persona, la redistribución de la riqueza y la justicia social, tanto para nuestras hijas como para nuestros hijos.

Necesitamos que el Siglo XXI se dirija hacía una economía más social y una democracia avanzada, para que la dignidad sea un hecho, para tener un futuro digno que nos niega un liberalismo partidista, que se pierde en cantos de sirenas, en distracciones y se olvida de lo elemental.

El resto, es cosa nuestra. Dejen de valorarnos según el canon de los tiempos que toquen…

Legislen a favor de la igualdad de oportunidades.

Legislen contra quienes no entienden que “NO” es “NO”.

Sin matices, sin peros valgan. Que mucho día de la Mujer, pero las leyes están obsoletas en este sentido, y tanto PSOE como PP han gobernado con mayoría absoluta para poder cambiar eso que luego llaman: matices. Manifestarse está bien, señores. Pero si trabajasen un poquito más, sería la leche.

Y, como antídoto, proponemos que las niñas aprendan artes marciales desde la infancia, como arma de destrucción masiva para que aquellos que no entiendan que “No” es “No”, se den de bruces con mujeres empoderadas, más allá del miedo.

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